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  • Bereshit 5775

    BERESHIT 5775

     

    La interpretación literal de la Torá es un fenómeno moderno. Al menos como su principal forma de comprenderla.

    Así lo explica la reconocida historiadora de las religiones Karen Armostrong en la introducción de su libro La Historia de la Biblia (Pag. 12):

    “…Es crucial señalar que las interpretaciones exclusivamente literales de la Biblia son históricamente recientes. Hasta el siglo XIX, muy poca gente creía que el primer capítulo del Génesis fuera una explicación del origen de la vida basada en hechos reales. Durante siglos, tanto los judíos como los cristianos se deleitaron en exégesis alegóricas e ingeniosas, e insistían en que no era posible ni deseable una lectura totalmente literal de la Biblia. Así, modificaron la historia bíblica, sustituyeron relatos bíblicos por nuevos mitos e interpretaron el primer capítulo del Génesis de múltiples y sorprendentes maneras.”

    En nuestros tiempos, la irrelevante discusión sobre la “veracidad” del relato de la creación frente a las teorías científicas nos ha hecho dejar de lado la lectura profunda y la contemplación de las enseñanzas éticas que emergen del texto.

    A mi modo deber, los capítulos iniciales de la Torá contienen dos afirmaciones radicales que deben ser vitales para la experiencia religiosa contemporánea:

    1 – Que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios

    2- Que todos los seres humanos descendemos del primer hombre

    Sobre la primera, el Midrash (Bereshit Rabá 24:7) nos cuenta que para Shimon ben Azai, un tanaita de la primera mitad del siglo II E.C, el versículo más significativo de la Torá es el que aparece en nuestra parashá “Este es el libro de las generaciones de Adán. El día que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.” (Gen. 5:1)

    La santidad de la vida y la dignidad humana surgen como corolario de esa aseveración bíblica.

    Sobre la segunda, en la Mishná (Sanedrín 4:5) los sabios se preguntan: ¿Por qué la Torá afirma que al inicio fue creado un solo hombre del cual desciende toda la humanidad? Tres respuestas nos son dadas, cada una dueña de una profundidad inspiradora.

    1-    Para enseñarnos que cada persona es equivalente a todo un mundo. (“El que salva una vida es como si salvara un mundo entero”, la cita se hizo famosa ya que apareció en los carteles promocionales de la película “La Lista de Schindler” de Steven Spielberg.)

    2-    Para enseñarnos que nadie puede decir que sus ancestros son superiores a los de otra persona.

    3-    Para enseñarnos la grandeza de Dios. Un hombre acuña muchas monedas iguales con el mismo sello, mientras que Dios acuñó a todos los hombres con el sello del primer hombre, y sin embargo, ninguno de ellos se parece a su compañero.

    Siguiendo el razonamiento de la Mishná, la afirmación bíblica que dice que todos descendemos de Adán y Eva más que una sentencia biológica es fundamentalmente una afirmación ética. Todos somos hermanos. Todos somos iguales ante los ojos de Dios.

    Pero hay algo más. La Mishná sugiere que es precisamente la diversidad humana el testimonio de la magnificencia divina. Mediante la pluralidad de atributos, cualidades, caracteres y particularidades de los seres humanos, haciendo de cada persona un ser único, es como se expresa la infinita naturaleza de lo trascendente.

    “Bereshit Bara Elohim”, en el principio creó Dios”. (Gen 1:1). Comencemos nuevamente la lectura de la Torá y busquemos en ella la verdad que nos permita encontrar guía y orientación para enfrentar el desafío de lograr una vida significativa.

    “La verdad de un texto sagrado no se puede valorar a menos que se ponga en práctica ritual o éticamente”, dice Karen Armstrong en otro pasaje de su introducción.

    Está en nosotros, hacer que la Torá, sea Torat Emet, una Torá verdadera. Nuestras convicciones y nuestras obras, los compromisos éticos que asumamos y las acciones que de ellos deriven, darán testimonio de su veracidad.

    Shabat Shalom

    Gustavo

Parashat Hashavua

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