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  • Beshalaj 5775

    Parashat BeShalaj.

    En esta semana leemos finalmente la salida del pueblo judío de Egipto. Luego de mucho insistir, de las plagas, de el primer ‘pesaj’ y de otras cuestiones, Moshé logra liderar al pueblo hacia el desierto que los separa de ser libres en Israel.  Antes de salir de Egipto, Moshé debe cumplir con una promesa intergeneracional que habían comprometido sus ancestros: debe llevar consigo los restos huesos de Yosef para que pueda ser finalmente sepultado en Israel. De hecho, la Parashá nos cuenta que efectivamente Moshé cumplió con esa promesa. Pero eso que en la Parashá es simplemente un versículo es un tema que dispara algunas preguntas en la mente de los interpretes del texto bíblico. En Parashat Shemot habíamos leído que el nuevo Faraón ya no conocía a Yosef, y no tenemos en Bereshit mucho indicio acerca del lugar en donde sus huesos fueron escondidos. Cabe preguntarse entonces, ¿dónde estaban los huesos de Yosef? ¿Cómo hizo Moshé para encontrarlos?

    El Midrash con su enorme capacidad para imaginar y para crear descubre un personaje que está mencionado en la Torá tanto entre aquellos que bajaron de Egipto con Yaacov como entre los que acamparon en el desierto en Arbot Moab. De allí concluyen los sabios que esta persona, Seraj hija de Asher, es el único miembro del pueblo que estuvo tanto en la llegada a Egipto como en el éxodo hacia el desierto, es decir que vivió algo más de dos siglos. Seraj la hija de Asher, al haber vivido en tiempos en los que Moshé vivió, sabía ‘de primera mano’ en dónde había sido sepultado temporalmente Yosef y por lo tanto tenía la información que Moshé necesitaba. Según las fuentes rabínicas (Sotah 13a, Mejilta de Rabí Ishmael y otros) Seraj recordaba que cuando Yosef había muerto los egipcios lo habían colocado en un cajón metálico y lo habían arrojado al Nilo para que las aguas fueran bendecidas por el mérito de Yosef. La anciana mujer señaló a Moshé el lugar indicado y Moshé invocó a Yosef para ver que el cajón se elevara y pudieran sacarlo. Según los sabios Moshé exclamó “Yosef, honra al Eterno Dios de Israel y no demores la redención. Si apareces, bien, y si no estoy liberado de la promesa que te hicieran nuestros antepasados”. En ese momento se elevó el cajón y Moshé pudo sacar el cajón del agua. El midrash concluye diciendo que gracias a Seraj, ‘el piadoso le fue entregado al piadoso’, es decir, Yosef estuvo en manos de MOshé y así acompañaría al pueblo de regreso a Israel para ser finalmente sepultado en Shejem.

    Este personaje misterioso, longevo y sabio vuelve a aparecer en varias ocasiones, lo cual lleva a los sabios a imaginarla entrando a Israel y viviendo incluso en los tiempos del Rey David. Independientemente de la genialidad creativa de los sabios que tomando dos versículos aparentemente desconectados crean un personaje tan pintoresco, creo que hay una enseñanza interesante en la historia de Seraj bat Asher que tiene que ver con el lugar de la gente de edad en nuestras comunidades. Seraj era la única que había vivido en carne propia la llegada a Egipto, los años de bonanza y también los de esclavitud. Seraj era depositaria de un pedazo de la memoria del pueblo que muchos ya habían olvidado, que los jóvenes líderes desconocían. Si Moshé hubiese confiado en su propio saber y en el de quienes lo rodeaban, quizá todavía estuviera buscando a Yosef. Pero tuvo la nobleza y la sabiduría de preguntarle a la más anciana de la tribu, en la esperanza de que ella aún recordara la historia. Moshé sabía que hay cosas que por más formación, capacidades y habilidades que el tuviera, sólo podían descubrirse oyendo el testimonio de aquellos que lo precedían. Y así transformó a Seraj en una pieza clave del éxodo.

    En esta semana se conmemoró el 70vo aniversario de la liberación de Auschwitz, una fecha dispuesta por las Naciones Unidas para recordar a las víctimas, honrar a los héroes y sobrevivientes y manifestar nuestra gratitud a los valientes que arriesgaron sus vidas para salvar a los perseguidos. Setenta años de la liberación, ochenta del comienzo del horror…. Esto implica que quienes ‘estuvieron allí’ tienen hoy en día más de 70 años, en la mayoría de los casos mucho más de 70 años. Aprender la historia de boca de quienes la vivieron ‘en primera persona’ es en tiempos modernos un nuevo precepto. Es saber que en esas personas que ya caminan con dificultad, que a veces les cuesta hablar y que muchas veces relegamos en pos de escuchar voces más jóvenes, en ellos está una sabiduría irremplazable. Cada historia, cada testimonio, cada relato es una oportunidad más de construir nuestra memoria colectiva y asegurarnos de que las jóvenes generaciones sepan lo que sucedió en aquel infierno. Son cada vez menos los ‘Seraj’ contemporáneos que estuvieron allí y pueden contarlo. Que podamos en esta semana oir sus voces, aprender sus historias y hacer honor a sus vidas. En la voz de esos mayores está la voz de nuestro pueblo.

    Shabbat Shalom
    Rab Guido Cohen

Parashat Hashavua

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