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  • Balak 5776

    Balak 5776

    Los psicólogos se refieren al “efecto Halo” como un fenómeno en el cual la característica más destacada de un individuo – puede ser positiva o negativa – nos afecta en la manera en que vemos el resto de sus cualidades. En otras palabras, la primera impresión es la que cuenta y por lo general definen el resto de nuestra relación con esa persona.

    Varios estudios han demostrado como quedamos condicionados – consciente e inconscientemente – por el efecto Halo. De hecho la publicidad abusa de ese recurso poniendo a las celebridades a vender toda clase de cosas, asumiendo que nuestra consideración y aprecio por tal celebridad generará una conexión positiva con el producto ofrecido.

    Descubrí el efecto Halo en el muy interesante libro “Pensar rápido pensar despacio” del premio nobel israelí Daniel Kanheman (Economía, 2002). Allí se demuestra como nuestros juicios están sesgados. Evaluamos una declaración o un comentario desde nuestra consideración previa de la persona sin analizar objetivamente el sentido de sus palabras.

    Por más que lo justifiquemos debemos reconocer íntimamente que actuamos en base a prejuicios. Kanheman explica la aparición del efecto Halo como una necesidad de buscar armonía en nuestras apreciaciones brindándonos la posibilidad de ser simples y coherentes. Sin embargo, como es evidente en cualquier análisis un poco más profundo, el efecto Halo nos lleva a un sinfín de errores de juicio.

    Nuestros sabios nos dan un testimonio de cómo se neutraliza el efecto Halo.

    Quien está familiarizado con la plegaria sabe que el inicio del rezo matutino es el Ma-Tovú, un conjunto de versículos bíblicos que deben ser recitados al ingresar en la sinagoga. El primero de esos versículos aparece en nuestra Parashá (Núm 24:5) mientras que los otros tres pertenecen al libro de los Salmos.

    No sabemos con exactitud cuando el Ma-Tovú alcanzó su composición actual pero el versículo inicial, que es el que nos interesa, ya aparece citado en el Sidur del Rav Amram Gaón (Babilonia, siglo IX), la compilación litúrgica más antigua.

    “Ma-Tovú Ohaleja iaakov Mishkenoteja Israel”
    “Cuan bellas son tus tiendas Jacob. Tus moradas, Israel”

    Lo sorprendente de este versículo es que el autor del mismo es Bil´am, un “profeta” gentil contratado por Balak, rey de Moav (quien da nombre a la Parashá) para maldecir al pueblo de Israel.

    La Parashá describe las peripecias de una historia fabulesca (la burra de Bil´am es el único animal que habla después de la serpiente de Adán y Eva) en donde Bil´am – a petición de Balak – accede a maldecir a los israelitas pero los termina bendiciendo. Y no una, sino tres veces.

    Los sabios en el Talmud (Baba Batra 60a) afirman que lo que vio Bil´am fue la forma del campamento israelita en donde las tiendas estaban dispuestas de manera tal de respetar la privacidad de cada familia. Como explica el Malbim (Rabi Meir Leibush ben Yejiel Mijal Wisser, Europa oriental, siglo XIX) la traducción apropiada de Ma-Tovú sería “Cuan buenas” y no “Cuan bellas” son tus tiendas. La cualidad es moral más que estética.

    En otro pasaje talmúdico (Sanedrín 105b) nuestros sabios afirman que lo que describe Bil`am haciendo referencia a tiendas y moradas son las casas de estudio y las sinagogas del pueblo de Israel (Mishkenoteja se relaciona con el Mishkán, el santuario de los israelitas) y posiblemente esta interpretación es la que da sentido a la elección del versículo para ser recitado al inicio de la liturgia.

    Y este es el mérito de nuestros maestros. Más allá de la discusión sobre la legitimidad de la profecía de Bil´am y la controversia sobre si se trataba de un profeta verdadero o no, pudieron apartarse de sus juicios previos y del contexto negativo que rodea al relato, para encontrar en estas breves palabras una joya que nos ayuda a expresar nuestra transición de la calle a la sinagoga. Nuestro espíritu se transforma al escuchar las antiguas palabras de la bendición de Bil´am dando inicio al proceso que nos debe llevar a una experiencia litúrgica plena.

    Hay algo más en la elección del Ma-Tovú que vale la pena destacar. La sensibilidad de nuestros sabios radica no solo en su capacidad de neutralizar la negatividad del efecto Halo sobre una personalidad altamente cuestionable como Bil´am, sino además, en el poderoso mensaje que constituye el hecho de que sean las palabras pronunciadas por un gentil, una persona no judía, las escogidas para comenzar nuestras plegarias.

    Sin duda, una lección profunda para contrarrestar la intolerancia.

    Shabat Shalom

    Gustavo

Parashat Hashavua

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