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  • Balak 5775

    Balak 5775

    Puede parecer extraño que las inspiradoras palabras “Cuán bellas son tus tiendas oh Jacob, tus moradas oh Israel”, con las cuales se comienzan las oraciones diarias, fueron dichas por un extranjero, cuyo propósito fue maldecir al pueblo de Israel para poder destruirlo.

    Veamos la historia. Balak, el rey de Moab estaba preocupado. Él había escuchado sobre el avance triunfante de los hijos de Israel a través del desierto, y se convenció de que en breve su reino sería invadido por ellos.

    El rey convocó a Bilám, un profeta hechicero de los gentiles para que pronunciara una maldición sobre el pueblo judío.

    Bilám llegó a la cita con la plena intención de realizar dicho cometido, cuando de repente, desde lo alto de un monte divisó el campamento de los israelitas, y quedó tan impresionado que le resultó imposible cumplir con la palabra empeñada.

    Para sorpresa y horror del rey, Bilám no pudo menos que derramar bendición sobre bendición sobre los hijos de Israel.

    Y cuando los sabios se preguntan qué fue lo que Bilám vio, que lo conmovió de tal manera que lo llevó a un giro tan dramático, al punto de augurar un futuro de gloria para Israel., ellos responden: él percibió la fortaleza espiritual del pueblo en sus santuarios y en sus hogares (“tiendas” y “moradas “representan las casas de estudio y sinagogas según el Midrash).

    La gente de aquella región creía en los poderes de Bilám, tanto de maldecir como de bendecir.

    Se pregunta entonces por qué el rey no pidió a Bilám una bendición para su propio pueblo en vez de maldecir a Israel.

    La historia ha mostrado una y otra vez hasta qué punto los enemigos de Israel prefirieron su aniquilación, aun a expensas de la destrucción de sus propios pueblos, en vez de concentrarse en obras constructivas que podrían beneficiar tanto a ellos como a sus vecinos.

    Desde el rey de Moab en los días de antaño, hasta el Hamás de nuestros días se manifiesta esta tendencia tan llena de odio y ceguera moral sin límites.

    También nos consuela que a la larga las maldiciones no surten efecto, y por el contrario, a modo de boomerang, afectan principalmente a quienes las cultivan en sus corazones.

    Mientras releemos esta Parashá, evocamos el poder de la Bendición como camino espiritual, esa fuerza inspiradora que nuestros antepasados encontraron en los templos y en el hogar, que les permitió sobrevivir más de 2000 años de persecución, sufrimiento y aflicciones.

    Ma Tovu…Cuán bellas son tus tiendas… tanto ayer como hoy, como siempre!

    Rabino Daniel Kripper

Parashat Hashavua

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