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  • Toldot 5775

    Toldot 5775

    “La voz es la voz de Iakov, pero las manos, manos de Esav” (Gen 27:22) Las palabras del patriarca Itzjak resumen la dilemática situación que se le presenta.

    Conocemos la historia. Ciego y sintiendo cercana la muerte (a pesar que todavía le quedaría más de 20 años de vida) Itzjak decide que es hora de transmitir la bendición a Esav, su hijo primogénito y favorito, para lo cual le pide que le traiga un delicioso plato de un animal cazado con sus manos.

    Rivká, su esposa, tiene otros planes. Quiere que la bendición recaiga en Iacov, su otro hijo, para lo cual lo disfraza como si fuera su hermano y le dice que se presente ante su padre con el manjar listo.

    Itzjak sospecha. Sabe que algo no está bien. Cuando se presente le pregunta:”¿Quién eres hijo mio?” (Id. 18) Luego cuestiona la velocidad con la que cumplió el recado: “¿Cómo es que la has encontrado tan pronto, hijo mío?” (Id. 20) y finalmente: Te ruego que te acerques para palparte, hijo mío, a ver si en verdad eres o no mi hijo Esaú.” (Id. 21)

    Y entonces Itzjak expresa su duda existencial con las palabras que encabezan este comentario.  “La voz es la voz de Iakov, pero las manos, manos de Esav” (Gen 27:22)

    Itzjak insiste: “¿Eres en verdad mi hijo Esav?” (Id. 24) y vuelve a pedirle : “Te ruego que te acerques y me beses, hijo mío.” (Id. 26) y finalmente lo bendice (Id. 27)

    ¿Por qué a pesar de tanta incertidumbre finalmente Itzjak decide bendecir a ese hijo que se le presenta y que no tiene del todo claro quién es? La Torá se encarga de dejarnos bien claro que tan distintos eran el uno del otro y sin embargo el ardid de Rivká parece dar resultado y vemos a Itzjak confundido.

    Esperaríamos que una persona con dificultades en la vista (el Midrash Bereshit Raba 56:5 remonta la ceguera de Itzjak a la experiencia de la atadura en el monte Moría) hubiese desarrollado mucho más sus otros sentidos. Pero en este caso, el tacto y el oído (también el olfato) mandan señales cruzadas: “La voz es la voz de Iakov, pero las manos, manos de Esav”.

    La polaridad entre los hijos se manifiesta también en su principal atributo. Para los sabios talmúdicos (Guitin 57b) la voz de Iakov se asocia con la plegaria y las manos de Esav con la guerra. Ambos son extraordinariamente exitosos en su especialidad.

    En esa misma dirección pudiésemos visualizar la dicotomía voz/manos como pensamiento y acción o como espiritual y material.

    Quizás por eso debamos entender la decisión de Itzjak de bendecir a este hijo que combinaba las cualidades de ambos como un recordatorio que más que los opuestos es en la capacidad de complementar las distintas facetas donde se alcanza el ideal de la realización personal.

    La dinámica dialéctica de la paternidad es reemplazada por este ideal de hijo que combina la voz, el intelecto y la espiritualidad de Iakov con las manos, el accionar y el materialismo de Esav. Por un instante, las divergencias entre los hermanos y los favoritismos de los padres quedan resueltos casi mágicamente.

    Cuando regresa Esav y se descubre el engaño nos cuenta la Tora que “Tembló Itzjak con estremecimiento muy grande”. (Gen. 27:33). Puede que se haya sentido frustrado y engañado por Iakov, pero quizás también su reacción haya sido fruto del derrumbamiento de aquella fantasía del hijo ideal que combinaba las cualidades de ambos descendientes resolviendo así  los problemas y las tensiones hogareñas.

    Itzjak regresa a la frustrante realidad. Iakov usando métodos ilícitos se lleva la bendición de la primogenitura y Esav queda enojado de muerte con su hermano. La voz de Iakov y las manos de Esav nunca estuvieron tan lejanas…

    Nos queda a nosotros la difícil tarea de intentar restaurar la armonía entre ambas dimensiones para poder vivir vidas armónicas e integradas que nos permitan alcanzar la plenitud en todas las facetas de la existencia.

    Shabat Shalom

    Gustavo

Parashat Hashavua

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