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  • Parashat Emor 5775

    Parashat Emor 5775

    Parashat Emor contiene, entre otros temas, una de las varias descripciones que tiene la Torá acerca de las festividades del calendario hebreo. Esta descripción comienza con el versículo que dice “Estas son las fiestas de Dios, las asambleas santas que convocaréis”. En hebreo ‘que convocaréis’ se dice ‘asher tikreu otam’. Sin embargo, una bella historia talmúdica va a leer el versículo de forma diferente y a través de eso nos va a enseñar algo acerca de la naturaleza de las festividades judías.

    Rabán Gamlíel tenía en su habitación superior sobre una mesa y en la pared figuras de las
    formas de la luna, que mostraba a los más simples preguntándoles:
    -¿La habéis visto así o así?
    Ocurrió una vez que vinieron dos y dijeron: – La hemos visto por la mañana en el oriente y por la
    tarde en el occidente.
    Rabí Iojanán Ben Nurí declaró que eran testigos falsos, pero cuando se acercaron a Iavne recibió (su testimonio) Rabán Gamlíel. Vinieron además otros dos (en otra ocasión) y dijeron:- La hemos visto a su debido tiempo, pero en la noche de la intercalación no fue visible.
    Rabán Gamlíel aceptó (su testimonio),
    R. Dosa Ben Harkinas dijo: – Son testigos falsos. ¿Cómo pueden testimoniar de una mujer que ha dado a luz y al día siguiente su vientre (está hinchado) hasta los dientes?”
    R. Iehosúa le dijo:- Estoy de acuerdo con tus palabras.
    Rabán Gamlíel ordenó que se le dijera: -Te ordeno que vengas junto a mí con tu bastón y

    con tu dinero el día en que cae Iom Kipur según tu cálculo.
    Se puso en camino y lo encontró Rabí Akiva afligido.
    Éste le dijo:- Puedo demostrarte que todo lo que hizo Rabán Gamlíel está (bien) hecho, ya que está escrito; éstas son las fiestas del Señor, las asambleas santas que convocaréis (Levítico 23:2), ya sea
    en su tiempo o ya sea fuera de su tiempo. No tengo otras fiestas sino éstas.
    Cuando llegó junto a R. Dosa Ben Harkinas le dijo:- Si tuviéramos que comprobar el veredicto del
    tribunal de Rabán Gamlíel tendríamos que comprobar los veredictos de todos y cada uno de los
    tribunales que han existido desde los tiempos de Moisés hasta nuestros días, ya que está escrito:
    “Subió Moisés con Aharón, Nadav y Abiú y setenta ancianos de Israel (Éxodo 24:9)”.
    ¿Por qué no fueronseñalados individualmente los nombres de los ancianos? Para demostrar que
    cada grupo de tres personas que se alza como tribunal en Israel es lo mismo que si fuera el tribunal de Moisés.
    Rabí Iehoshúa tomó consigo su bastón y su dinero y se fue a Iavne junto a Rabán Gamlíel en el día en que caía Iom Kipur según sus cálculos.
    Rabán Gamlíel se levantó, le dio un beso en la cabeza y le dijo:- Bienvenido seas, maestro mío y

    discípulo mío. Mi maestro en la sabiduría y mi discípulo en cuanto que has aceptado mis palabras”. (Mishna, tratado de Rosh Hashaná 2:8-9)

    Según esta historia, la palabra ‘otam’ (a ellas -las festividades-) debe leerse ‘atem’, vosotros. De allí concluye Raban Gamliel que independientemente de cuando corresponde según la astronomía conmemorar Yom Kipur, si el tribunal declaró por comenzado el mes en un día diferente, Yom Kipur caerá en un día diferente. En otras palabras, el calendario hebreo, si bien basado en fenómenos astronómicos, requiere de la acción humana para tener vigencia. En tiempos talmúdicos, independientemente del momento en el que el fenómeno del ‘molad’ (la luna nueva) se hiciera técnicamente visible, y más allá de que los conocimientos de la época le permitieran a los sabios poder calcularlo, era necesaria la comparecencia de los testigos que den cuenta de que vieron la luna y la confianza en ellos de los rabinos del tribunal que decretaban comenzado el mes nuevo.

    Hoy en día no tenemos más un sistema de calendario según la observación, sino que tenemos un calendario ‘perpetuo’. Podemos descargar de internet o nos lo envía la WIZO, el KKL o alguna otra organización. No obstante, el concepto que trae Raban Gamliel basado en ese versículo de nuestra Parashá conserva aún relevancia en términos simbólicos: las festividades de nuestra tradición pueden tranquilamente confundirse con ‘días normales’ si nosotros no los santificamos. La santidad de estos días no es ‘per se’ sino que requiere de nuestra acción, de nuestra iniciativa, de nuestra práctica. No se trata de que ‘llegue’ Shavuot (o cualquier otra festividad) sino de que nosotros hagamos de eso algo significativo y relevante. Que hagamos los días contar, que los dotemos de relevancia, que permitamos que nos transformen.
    El calendario hoy en día nos llega por correo o lo tenemos incorporado a nuestros teléfonos inteligentes, pero el desafío de transformar el tiempo en tiempo sagrado sigue estando en nuestras manos.

    Shabbat Shalom
    Rab Guido Cohen
    Asociación Israelita Montefiore

Parashat Hashavua

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