preload
  • Ekev 5776

    PARASHAT EKEV 5776

    Casi al final de Parashat Ekev aparece el segundo de los tres párrafos de la Torá que conforman el Shemá Israel, que es conocido por sus palabras iniciales: Veahiá Im Shamoa. (Deut 11:13-21). De acuerdo a la Mishná (Tamid 5:1) los tres pasajes del Shemá ya eran recitados diariamente en la liturgia del Segundo Templo.

    Rabi Yoshua ben Korja explica en el Talmud (Brajot 13a) que el primer párrafo del Shemá (Deut. 6:4-9) antecede al pasaje de nuestra Parashá debido a que la persona debe aceptar primero “Ol Maljut Shamaim”, el yugo del reino del cielo, es decir el reconocimiento de la soberanía divina, para luego poder aceptar “Ol Hamitzvot”, el yugo de los preceptos.

    De forma similar, el RaMBam (Maimónides, siglo XII) plantea que en el primer párrafo aparece la proclama de la unidad de Dios y el mandato de amarlo que es el principio fundamental del cual dependen todo los otros, mientras que en Vehaiá Im Shamoa se nos ordena sobre el resto de los preceptos.

    El segundo párrafo del Shemá tiene dos temas, el primero (vs. 13 al 17) es la recompensa o castigo por la observancia de las leyes del pacto, y el segundo (18 al 21) hace referencia al mandato de guardar las “palabras” de Dios.

    Aquí aparecen enunciadas las mismas normas que en el primer párrafo del Shemá (Recitar el Shemá, enseñar a los hijos, colocarse los Tefilin y poner la Mezuzá) con dos diferencias: una no tan relevante (aparecen en orden diferente) y la otra fundamental: Aquí aparecen en plural (dirigidas a “vosotros”) mientras que allí están en singular (dirigidas a un “Tu”).

    La retribución por la observancia de los mandamientos ha sido discutida largamente en nuestra tradición. La teodicea (justicia divina) es uno de los conceptos más recurrentes en el pensamiento religioso antiguo. De hecho también en la actualidad escuchamos a muchas personas convencidas que si hacen lo correcto Dios las va a premiar y si ocurre algo malo se trata de un castigo divino consecuencia de una falta.

    Nuestros sabios conscientes de la complejidad del tema y de una realidad que no se condice con un patrón tan simple, abundaron en lecturas alternativas. La creación del concepto del Olam Habá, el mundo venidero, es un reconocimiento de que la justicia divina no funciona exactamente como lo plantea la Torá. Otra respuesta más terrenal (y uno de mis textos favoritos) es enunciada por el tana Ben Azai en Pirkei Avot (4:2) “La recompensa por el cumplimiento de una Mitzvá, es la posibilidad de cumplir otra Mitzvá.” Ni más ni menos.

    ¿Cómo podemos entender entonces el Veahiá Im Shamoa?

    Me parece que la clave está en los verbos, dirigidos a un plural.

    Es interesante destacar que cuando la Torá habla de premio o castigo se refiere a que habrá o no habrá lluvias (antiguamente un factor fundamental para una buena cosecha en la tierra de Israel). Y la lluvia no cae con precisión quirúrgica sobre los campos de las buenas personas. No llueve solo en mi terreno (ya que cumplo las mitzvot) y deja de llover en el de mi vecino (que no es tan observante). La lluvia (o la falta de ella) afecta a todo el grupo.

    Así, la recompensa no es una consecuencia del accionar individual sino que tiene que ver con el comportamiento del colectivo. Y en ese sentido, es bastante obvio que aun sin intervención divina una sociedad de gente comprometida, justa y solidaria tendrá la gran recompensa de vivir en ese marco, mientras que aquellos que residen en donde priva el “juega vivo”, la apatía y el egoísmo están condenados a ser parte de una realidad desdichada.

    En última instancia, son nuestras acciones y la dinámica social que podamos construir a nuestro alrededor, la que nos hará merecedores (o no) de las bendiciones de Dios que no son otra cosa que la posibilidad de vivir en plenitud.

    Shabat Shalom
    Gustavo

Parashat Hashavua

Para ver el archivo de comentarios del Seminario Teológico Judío, haga clic aquí.

Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Festividades