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  • Tzav

    PARASHAT TZAV / SHABAT HAGADOL 5775

    Levítico 6:1-8:36

    28 de Marzo de 2015 – 8 de Nisan de 5775

     

    Aprendiendo a combinar las ideas y las acciones

    Esta semana leemos parashat Tzav El tema central de la parashá es el ritual que debía hacerse en el Mihská, el Tabernáculo. Se continúa con el texto de la parashá de la semana pasada, Vaikrá, para brindar una descripción completa de los sacrificios que debían ofrecerse. Dado que el tema principal de la parashá es el ritual, la lectura es un tanto árida y abunda en detalles.

    Es interesante que leamos parashat Tzav justamente en el shabat anterior a Pésaj, que recibe el nombre de Shabat Hagadol, el Gran Shabat. Creo que posiblemente podamos aprender algo de esta insistencia sobre el ritual inmediatamente antes de Pésaj. En la tradición judía, así como en la vida en general, nada es casualidad.

    Es indudable que Pésaj es una fiesta que busca transmitirnos un mensaje claro y profundo a la vez, que tiene que ver con el valor de la libertad. El motivo central de esta fiesta, repetido una y otra vez, es recordar que fuimos un pueblo de esclavos, y que con mucho esfuerzo y la ayuda de Dios logramos la liberación. En cada generación debemos sentir como si nosotros mismos hubiéramos salido de Egipto, para poder valorar el sentido de la libertad, para comprender que ningún ser humano debería ser esclavizado jamás. Estoy seguro de que Pésaj es la festividad judía a la que más ensayos y reflexiones se han dedicado, la fiesta sobre la que más se ha escrito. Después de todo, la libertad es quizás uno de los más importantes valores que el pueblo judío supo transmitir al mundo, y sin duda alguna es un valor fundamental para toda la humanidad. Pésaj, entonces, es una fiesta con mucho contenido, sobre la cual podemos reflexionar ampliamente.

    Sin embargo, Pésaj no es sólo mensaje y contenido, sino que también tiene mucho que ver con el ritual, con las costumbres. Cada año, cuando Pésaj se acerca, nos invaden recuerdos sobre cómo se celebraba Pésaj en nuestras casas de infancia o incluso en ocasiones mucho más recientes. Si yo les preguntara a ustedes qué recuerdos tienen de Pésaj, seguramente me contarían sobre qué comidas comían en el Séder, cómo se deshacían del jametz, cómo cambiaban la vajilla, algún abuelo buscando jametz en los bolsillos del pantalón, el sabor de la matzá, el abuelo conduciendo el Séder, la búsqueda del aficomán, y muchos otros recuerdos más. Me parece claro que muy pocos de ustedes tendrán recuerdos sobre el profundo significado de la libertad, o sobre cuán fantásticamente libres se sentían cuando festejaban Pésaj de pequeños. Aun cuando no necesariamente simbolicen grandes ideas, lo que solemos recordar son pequeños rituales que nos llamaron la atención.

    Es más que evidente que si bien el motivo central de Pésaj es la libertad, el ritual ocupa una parte tan importante, que a menudo es lo único que realmente recordamos. Creo que este es un principio que podemos aplicar a casi todo lo que tiene que ver con la tradición judía: el ritual y las ideas forman un cuerpo armónico: las ideas son las que le dan sentido y contenido a la manera en que vivimos, mientras que el ritual nos ayuda a concretar y entender y expresar vivamente esas ideas.

    El gran Abraham Ioshua Heshel decía que un cuerpo sin alma es un organismo sin vida, pero que un alma sin cuerpo es como un fantasma que se vuela. El cuerpo y el alma se necesitan mutuamente para poder manifestarse, de la misma forma que las ideas y el ritual deben complementarse en forma sabia para que ambos adquieran su mejor expresión.

    Nadie duda de que sea sumamente importante transmitir a nuestros hijos el valor de la libertad, lo terrible de la esclavitud, la gratitud que debemos tener hacia Dios por los milagros que hizo para con nosotros y otras grandes ideas y principios similares. Pero deberíamos entender que el judaísmo no es simplemente un cuerpo de doctrinas ni una compleja ideología, sino que tiene un cuerpo que sustenta el peso de las ideas. Es el cuerpo del ritual, de las costumbres, de las pequeñas tradiciones que cuidamos durante generaciones y nos ayudan a identificarnos como judíos. Podemos apreciar y disfrutar una idea, pero los recuerdos más bellos que guardamos tienen que ver con cosas que hicimos, vimos, olimos, tocamos y oímos. El ritual nos llena el corazón de bellos recuerdos y vivencias que perduran durante toda la vida.

    Es mi deseo que a partir de la lectura de la Torá sobre el ritual en el Tabernáculo, podamos en este Pésaj que comenzará en una semana reflexionar en profundidad sobre el significado de la libertad, y que nuevamente sintamos que salimos libres de Egipto. Pero que también podamos disfrutar en familia de las riquísimas tradiciones de Pésaj, de la inmensa belleza de su ritual, de la plenitud de sus tradiciones y costumbres. Nuestra memoria y la de nuestros hijos se ocuparán de atesorar esos momentos en un lugar destacado de nuestras almas.

    ¡Shabat shalom!

    Rabino Rami Pavolotzky

    Congregación B´nei Israel

    San José, Costa Rica

Parashat Hashavua

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