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  • Shemot 5777

    Shemot 5777

    El Talmud nos enseña “Por mérito de mujeres justas, fueron redimidos nuestros antepasados en Egipto, y por medio de mujeres justas seremos redimidos en el futuro”.

    Esta semana comenzamos a leer el libro de Shemot, Éxodo, el cual nos narra la esclavitud y la posterior liberación de nuestros antepasados de Egipto. Una lectura detallada y desprejuiciada del texto de la Parashá, nos muestra entre otras cosas, cómo a lo largo de las generaciones nos hemos ido encargando de silenciar a los personajes femeninos de la historia, para colocar el foco esencialmente en personajes masculinos.

    Si leemos atentamente el texto, veremos que los primeros capítulos del libro de Shemot tienen protagonistas mujeres. La madre y la hermana de Moshé (Iojebed y Miriam), las dos parteras (Shifra y Pua) y la hija del Faraón (Bitiá) son las protagonistas por excelencia de los primeros capítulos. Mientras que Moshé es aún un pequeño bebé, y Aarón no ha aparecido en escena, las mujeres se apropian de la narrativa dominante y construyen una historia de heroísmo y valor que será clave para la redención de nuestro pueblo.

    El único personaje masculino con un protagonismo sustancial en esos primeros capítulos, será paradójicamente el villano de la historia, el ‘rey de Egipto’, o como solemos llamarlo, el Faraón. Con excepción de él, todos los demás roles protagónicos son para las damas, mientras que los caballeros deberán conformarse con actuaciones menores.

    Sin embargo, cuando narramos esta historia, cuando la leemos e incluso cuando la imaginamos, nos representamos una historia puramente masculina. Personajes como Shifra y Pua, por ejemplo, grandes heroínas a las que les debemos la supervivencia de nuestro pueblo, son desconocidas para el común de la gente. Si uno le preguntara a un judío relativamente educado, que pasó por educación formal y no formal judía, si puede nombrarnos a 5 mujeres del libro de Shemot, probablemente nos desilusione la respuesta. ¿por qué? Porque si bien la historia del Éxodo fue protagonizada por hombres y mujeres, el relato fue siempre ‘narrado’ por hombres. Esos hombres contaron la historia en clave masculina, y el tiempo hizo que el recuerdo de estas grandes mujeres sea olvidado.

    Hace algunos meses el ‘gran rabino’ de Israel dijo que las mujeres en el ejército sólo servían para lavar ropa y cocinar. Es a estas versiones de judaísmo, que el protagonismo de las mujeres en el texto bíblico les juega en contra. Conocer estas historias, amenaza la posibilidad de un judaísmo misógino que tiene como fuerte punto de apoyo a la ignorancia. Por eso, el volver a leer el texto, no mediado por interpretaciones ni adaptaciones, es la llave para la construcción de un judaísmo más igualitario.

    Lo mismo que sucede con los primeros capítulos de Shemot podemos verlo en las interpretaciones talmúdicas acerca de la participación de la mujer en tareas de liderazgo comunitario o en aspectos rituales y litúrgicos. Mucho de lo que creemos que es de una forma, sólo fue ‘trasmitido’ de esa forma, aún cuando las fuentes dicen algo distinto. Es en el volver a las fuentes, que descubrimos que contrariamente a lo que algunos creen, el judaísmo más antiguo era mucho menos machista que ciertas corrientes del judaísmo contemporáneo. Mientras más atrás viajamos en el tiempo, más presencia vemos de las mujeres a la hora de ser protagonistas del judaísmo.

    Por eso, esta semana mientras leamos parashat Shemot, afinemos nuestros oídos y abramos nuestros corazones para poder percibir el eco de las voces femeninas que están presentes en el texto de la Torá aún cuando intentaron ser silenciadas por generaciones.

Parashat Hashavua

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